
Me preocupaba lo que diría Ximena si supiera que dentro de mí había un sentimiento no solo de amistad por su hijo, y me preocupaba más aún lo que pensaría el, que nunca me había dicho una palabra que me diera luces de que lo que pasaba en mi interior era mutuo. Quizás solo me pasaba a mí, y no había nada en su cabeza que tuviera relación con mis ilusiones, y tan solo pensar en eso me llenaba de angustia.
Claramente ya no podía contarle todo lo que me ocurría a Ximena, ella veia todo como una linda amistad y podría haberse enterado perfectamente de todo lo feliz que era si no se tratara precisamente de su hijo. Y es que me atormentaba pensar que la fuente de mi felicidad no fuera exactamente también de felicidad para ella.
Nosotros ya no nos separábamos nunca, recuerdo la primera vez que salimos con ropa de calle, el acostumbrado a verme de oficina, me miro y exclamó: -Vaya, me cambiaron a la niña-. Íbamos juntos a todos lados, y yo adoraba su compañía, y me preocupaba enormemente que el tiempo pasara y no me dijera nada alusivo al cariño que nacía entre los dos… será que solo me veía como una amiga, como una compañera? Y que ese cariño “diferente” solo lo sentía yo?
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