Recuerdo cuando venian a nuestra aula en la escuela primaria los profesores de dibujo, y seguramente ustedes tampoco lo habrán olvidado. Primero nos daban un papel, colocaban una hoja en blanco en el pizarrón y uno se emocionaba. Habia llegado la clase de dibujo. Teníamos todos los crayones ante nuestro ojos y cruzabamos las manos mientras esperabamos. Entonces entraba precipitadamente una mujer vieja y agobiada que ese mismo día habia dicatado catorce clases de dibujo. Entraba corriendo con el sombrero torcido, jadeante, y decia: "Buenos días, alumnos. Hoy vamos a dibujar un árbol". Y todo los niños pensaban :"¡Fantástico, vamos a dibujar un árbol!". Luego ella tomaba un crayon y dibujaba una enome cosa verde, le agregaba una base marrón y unas hojitas de pasto, y decía : "Este es el árbol". Los niños lo miraban y protestaban: "Eso no es un árbol; es un chupetín". Pero ella afirmaba lo contrario. Despues repartia los papeles y ordenaba : "Ahora dibujen un árbol". En realidad no decía "dibujen un árbol", sino "dibujen mi árbol". Y cuanto antes uno se percatara de que quería decir eso y pudiera reproducir ese chupetín y entregarselo, mas pronto obtendría la máxima calificación.
Pero había un niñito que sabía que eso no era un árbol por que había visto un árbol de un modo en que esa profesora de arte jamás habia experimentado. Se había caído del árbol, había mascado un árbol, lo había olido, se había sentado en sus ramas, había oído el soplar del viento entre sus hojas, y sabía que el árbol de ella era un chupetín.
Por consiguiente tomó un lápiz azul, otro naranja, otro rojo y otro verde y con ellos pinto toda la página, y muy contento se la entrego a la maestra. Ella miro el dibujo y exclamó: "Dios mio, este chico tiene una lesión cerebral. Que vaya a un curso diferencial".
Cuanto tiempo nos demoramos en comprender que lo que realmente nos dicen es: "Si quieres pasar tienes que copiar mi árbol". Y así transitamos por la escuela, la universidad y los curso de seminarios de posgrado. Es soprendente comprobar como a esa altura el alumno ya ha aprendido a repetir como loro. Consignan los datos al pie de la letra, tal como se los dan. Y no se puede echarles la culpa por que eso es lo que les han enseñado. Cuando se les pide que sean creativos, se asustan.
Todos como los demás, y asi estamos contentos. "Quedamos satisfechos cuando hemos convertido a nuestros hijos en personas como nosotros: frustrados, enfermos, ciegos, sordos, pero con un alto coeficiente intelectual".

No debemos contentarnos solo con ser iguales a los demas. Debemos oponernos al sistema, ser nosotros mismos
By Leo Buscaglia
Vivir, Amar y Aprender
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