
A veces al estar contigo, he sentido que mi mirada se convertia en agua. No pensaba, solo miraba, y la sola imagen de tu rostro bastaba, no nescesitaba nada mas. Todo estaba bien. En ese momento, mi mirada de agua, la que ahogaba mis pensamientos aturdidos y desalojados por la plenitud de tu imagen, todo lo colmaba.
A veces al estar contigo, deseaba convertirme en sangre para nadar suavemente por tus venas. Sutilmente, calidamente. Recorrer en silencio todo tu espacio y llegar hasta tus labios. Quería tu beso. Siempre lo quise.
A veces al estar contigo, pensaba que me pertenecías. A la manera en que te pertenece un poema, una música, un latido que es de todo el universo pero que al sentirlo tan hondo te lo apropias y defiendes como si fuese un hijo tuyo.
A veces al estar contigo y escuchar ese susurro que llegaba hasta mi convertido en las palabras "mi niña", pensaba en la muerte. Morir sintiendo que me querías, que me amabas, no importa que mañana fuese mentira. Morir mientras me hacías el amor. Morir envuelta en tu abrazo.
Morir.
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